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lunes, 30 de octubre de 2023

Las casas más estrechas de Madrid.

LAS CASAS MÁS ESTRECHAS DE MADRID.


A la izquierda, edificio estrecho de la calle Mayor 57 con persianas metálicas rosadas. A la derecha, edificio del número 61 de color ocre y sillares en las esquinas. 

El casco histórico de Madrid conserva numerosos ejemplos de “casas estrechas”, edificios con una reducida fachada y varios pisos de altura. Por lo general suelen tener una vivienda por planta y un único balcón o ventana en la fachada de cada piso. 

En el centro de la fotografía, edificios de la calle Toledo 6 y 8.

Desde que el rey Felipe II estableció en 1561 la Corte y la capital del Reino en este poblachón manchego, la ciudad fue creciendo de forma un tanto anárquica. Aquí fueron llegando oleadas de funcionarios públicos y personas de todos los rincones de España. Venían a ganarse la vida al centro del poder económico y político del país y necesitaban un alojamiento digno.

Edificio estrecho en el número 1 de la calle Toledo, junto a la Plaza Mayor. 

El cogollo urbano tenía un entramado de calles estrechas y casi laberínticas, heredero de su fundación musulmana en el siglo IX. La muralla cristiana levantada entre los siglos XI y XII fue un impedimento para que la ciudad creciera de forma planificada. En el siglo XVI se derribaron estas murallas que constreñían la Villa ante el aumento de la población. 

No será hasta el siglo XVIII, en plena Ilustración, cuando se planifica la ciudad con cierto criterio. Se trazan grandes avenidas, espacios ajardinados, edificios para el conocimiento y la administración pública, y se regulan además servicios imprescindibles como el alcantarillado, el suministro de agua o la iluminación nocturna.

Viviendas en la calle Latoneros 5, junto a la plaza de Puerta Cerrada.

De aquellos lejanos tiempos quedaron en el centro de Madrid exiguos solares, en los que se aprovechó el metro cuadrado al máximo. Por tal motivo muchas casas se vieron obligadas a crecer en altura, quedando con un acceso comunitario en la planta baja. Esta entrada funcionaba en muchos casos como local comercial y desde allí se accedía a una escalera para subir hasta los pisos.    

Placa en la portada del número 57 de la calle Mayor.

En el número 57 de la calle Mayor de Madrid se encuentra una casa que luce una placa, escrita en español e inglés, que suele atraer a los numerosos turistas que pasan por allí. Nos cuenta que es el “Edificio más pequeño de Madrid”. La finca, situada junto a la Antigua Farmacia de la Reina Madre, consta de un bajo comercial y cuatro plantas con balcón. La fachada mide exactamente 3 metros y 58 centímetros.

Edificio estrecho del número 57 de la calle Mayor.

Existen algunos ejemplos parecidos de viviendas estrechas en otras calles de la ciudad. Me he puesto manos a la obra y he ido con la cinta métrica midiendo casa por casa. He confeccionado un listado en el que podemos encontrar otras casas con la fachada aún más reducida que ésta de la calle Mayor.

Edificio de la calle San Vicente Ferrer 24 entre los dos árboles, el más estrecho de Madrid.

El récord absoluto lo tiene un edificio con bajo y tres plantas en el número 24 de la calle San Vicente Ferrer (barrio de Maravillas o Malasaña). Mide nada menos que 2 metros y 40 centímetros y cada planta tiene una superficie de 54 metros cuadrados

Hoy día luce un aspecto algo abandonado. Se sabe que hace décadas fue una tahona y desde aquí se accedía al almacén de la harina. Curiosamente su entrada principal está en el número 23 de la calle de la Palma y, entre los dos bloques, comparten un jardín interior común.

Edificio de la calle Abades 22.

En el corazón del barrio de Embajadores, en el número 22 de la calle Abades se levanta un edificio cuya fachada mide tan solo 2 metros y 82 centímetros.


Edificio de la calle Postas 6 y detalle de la primera planta, con la lápida en recuerdo de Pérez Galdós.

En la bulliciosa calle Postas, que une la calle Mayor con la Plaza Mayor, nos encontramos en el número 6 el tradicional comercio de artículos religiosos “Sobrinos de Pérez”, fundado en 1867. Una lápida en la fachada recuerda que Benito Pérez Galdós lo citó en su magistral obra “Fortunata y Jacinta”. Su fachada mide 3 metros y 15 centímetros.

Edificio sobre la tienda de Caramelos Paco, en la calle Toledo 55.

El edificio de la calle Toledo número 55 comparte en su portal un acceso de servicio a la mítica tienda de Caramelos Paco, fundada en 1934. Su estrecha fachada mide tan solo 3 metros y 54 centímetros.

Edificio estrecho en la calle Imperial 14.

En la calle Imperial número 14 nos encontramos con un comercio llamado curiosamente “La Casa Vertical”, en alusión a esta singular finca.  La fachada se encuentra retranqueada entre las fincas de los números 12 y 16. Mide 3 metros y 64 centímetros.

Edificios de los números 19 y 21 de la calle Marqués de Santa Ana.

La calle Marqués de Santa Ana nace en la calle del Pez y llega hasta la calle del Espíritu Santo, en el barrio de Universidad. En el número 19 hay un edificio cuya fachada mide 4 metros y 20 centímetros. Junto a éste, el inmueble del número 21 tiene unas dimensiones similares.

Casa del escritor Pedro Calderón de la Barca  en la calle Mayor 61.

El edificio de la calle Mayor número 61 tiene una rica historia. Aquí vivió el escritor Pedro Calderón de la Barca, entre 1663 y 1681. El insigne escritor fue Capellán del Rey y sacerdote de la cercana iglesia de San Salvador. Tras su fallecimiento el 25 de mayo de 1681, fue enterrado en este templo ya desaparecido, que se levantaba junto a la actual plaza de la Villa. 

Lápida en memoria de Calderón en la primera planta de la calle Mayor 61. 

Este edificio estrecho fue salvado “in extremis” de la piqueta en 1859, gracias al tesón del gran escritor, periodista y madrileñista Ramón de Mesonero Romanos. Este autor rogó a los albañiles que no lo demolieran, pero como se negaron se enfrentó con ellos a bastonazos. Afortunadamente el propietario llegó a un acuerdo con el Ayuntamiento, que le permitió añadir dos pisos más en el inmueble y colocó una lápida conmemorativa. Esta fachada mide 4 metros y 36 centímetros.

Edificios estrechos en los números 6 y 8 de la calle Latoneros.

Si paseamos por el centro de Madrid y nos fijamos detenidamente en su caserío tradicional, podremos encontrar edificios estrechos en numerosas calles. Tenemos varios ejemplos en el número 3 de la calle Felipe III , en la calle Latoneros número 5, 6 y 8, o bien en los números 1, 6, 8 y 119  de la calle Toledo, entre otros.

Edificio de la calle Felipe III número 3, con balcones y pequeñas ventanas.

Finca de cuatro alturas en la calle Toledo número 119.

Antiguamente hubo una casa en Madrid que estaba considerada como la más pequeña de la Villa. Se la conocía popularmente la “Casa de las Cinco Tejas”, por tener la misma anchura que ocupaban cinco piezas de teja cubriendo su tejado de lado a lado. Estuvo en pie hasta 1851 en la calle de Santa Ana, en pleno Rastro.

Imagen de la “Casa del Ataúd” en la calle Alcalá esquina a la calle Caballero de Gracia. Fuente :  http://www.memoriademadrid.es/


Recordamos también que entre la calle Alcalá y la calle del Caballero de Gracia se levantaba un estrecho y alargado inmueble. Era conocido popularmente con el siniestro nombre de la “Casa del Ataud”, debido a la forma de su solar. El chaflán tenía una anchura de tan solo 4,92 metros. Esta casa fue demolida en 1907 para construir en su solar el bellísimo Metrópolis, considerado por muchos como el edificio más icónico de Madrid.


Fotografías : Elena Alajarín.

Copyright © José Luis Rodríguez-Checa  2023.

Prohibida la reproducción total o parcial del artículo y las fotografías, salvo autorización escrita del autor.


jueves, 27 de octubre de 2022

Cuarenta años de pasión por Madrid.

 CUARENTA AÑOS DE PASIÓN POR MADRID.

Calle de Toledo vista desde la Colegiata de San Isidro. Al fondo, arco de Cofreros de la Plaza Mayor.

Me vais a permitir publicar este artículo autobiográfico, ya que este mes de octubre se cumplen mis primeros cuarenta años “pateando” Madrid. Todo comenzó a mediados de octubre de 1982, con catorce años recién cumplidos. Acababa de ingresar en el Instituto Nacional de Bachillerato Cervantes, en la calle Embajadores, 70. En aquel curso se permitía salir del edificio a la calle durante el descanso que había a media mañana.

Entrada principal del Instituto Cervantes en la calle Embajadores 70.

Una día salí del noble edificio de Jareño y enfilé calle Embajadores arriba, movido por un deseo de descubrir cosas nuevas. Debido a que mis conocimientos sobre Madrid eran entonces muy escasos, opté por no abandonar el eje de esta calle para no perderme. Caminando cuesta arriba, llegué al llamado “corazón” del Rastro  en la plaza de Cascorro, tomé la calle Estudios y terminé a las puertas de la entonces Catedral provisional de Madrid, hoy Real Colegiata de San Isidro.

Inicio de la calle Toledo, con el acceso al estacionamiento subterráneo de la Plaza Mayor. Al fondo, Arco de Cofreros por el que se accede a la plaza.

La vista que apareció ante mis ojos me sorprendió, ya que divisé al fondo parte de la Plaza Mayor, visible desde el llamado Arco de Cofreros dónde nace la calle Toledo.  Para mí, aquella imagen fue impactante, ya que había llegado por mi propio impulso a un lugar en el que había estado en contadísimas ocasiones, y siempre acompañado de mis padres, probablemente en fechas navideñas. Se puede decir que ese día se produjo mi “flechazo” por Madrid.

A partir de entonces se abrió ante mí todo un mundo de posibilidades para conocer Madrid a fondo, para escaparme durante los “recreos” del Instituto Cervantes, para “patear” a mi antojo la ciudad en mi tiempo libre, incluso para acudir junto a alguno de mis compañeros del Centro educativo y mostrarles rincones y vericuetos que había conocido en el barrio de los Austrias. Recuerdo que uno de mis primeros "descubrimientos" fue contemplar el jardin del "Huerto de las Monjas", abierto en los años 80 entre las calles Sacramento y Rollo, en lo que fue el antiguo huerto del desaparecido Convento del Sacramento.  

Jardín municipal del "Huerto de las Monjas", situado entre la calle Sacramento 7 y la calle del Rollo.

En 1985, al pasar junto a la entonces Catedral de San Isidro tuve la oportunidad de entrar y contemplar por primera vez el cuerpo incorrupto de San Isidro.  Se exponía al público para conmemorar el primer centenario de la Diócesis de Madrid. Desde aquella época, en la que no tenía cámara fotográfica ni teléfono móvil, he ido archivando en mi memoria numerosos rincones de Madrid que han sufrido grandes cambios y transformaciones a lo largo de estas cuatro décadas.

Cartel anunciador de las Fiestas del distrito Centro en 1987, con la estética típica de los años 80. Colección del autor.

Fui una de las primeras diez personas que se pusieron a la cola el 20 de enero de 1986 en la Plaza de la Villa, esperando que abrieran al público la capilla ardiente del alcalde Enrique Tierno Galván.  El Viejo Profesor había fallecido en un hospital madrileño el día anterior.

Multitudinario entierro de Enrique Tierno Galván el 21 de enero de 1986 a su paso por la plaza de Cibeles. Fuente: https://elpais.com/

La multitudinaria despedida del pueblo de Madrid tuvo lugar el 21 de enero. Se inició en la plaza de la Villa, atravesó la Puerta del Sol y recorrió la calle de Alcalá hasta la despedida en Cibeles. Se calcula que un millón de madrileños se echaron esa tarde a la calle. Acudí con algunos compañeros del Instituto Cervantes hasta la plaza de Cibeles . Para ver mejor la comitiva fúnebre, con aquel impresionante coche de caballos que llegó desde el Museo de Pompas Fúnebres de Barcelona,  estuvimos subidos a las verjas del entonces abandonado Palacio de Linares,

Con Carmen García Velasco, profesora del Instituto Cervantes, en 1987 durante mi exposición de dibujos

En abril de 1987 organicé una exposición de dibujos en el Instituto Cervantes. Titulada “Arquitecturas informales”. Estaba formada de una serie de dibujos realizados a bolígrafo de tinta azul de edificios conocidos y algunas fantasías arquitectónicas. Conté entonces con el apoyo y el estímulo de mi profesora de dibujo y catedrática de Arte  Carmen García Velasco, a la que siempre estaré muy agradecidoEsta pintora y artista  continúa todavía en activo a sus ochenta y tantos años de edad y no he perdido el contacto con ella. 

Me sigue apasionando el mundo de la arquitectura, aunque reconozco que el dibujo lo tengo un poco abandonado.

"Diversos tipos de farolas de Madrid". dibujo de 1987 que estuvo expuesto en el Instituto de Bachillerato Cervantes. Colección del autor.

Casa de la Villa y Casa de Cisneros. Dibujo de 2015 realizado a tinta azul. Colección del autor.

En aquella época de los míticos años 80, era un lector incondicional del periódico quincenal “Villa de Madrid”, editado por el Ayuntamiento. Por entonces el alcalde Enrique Tierno Galván quiso dar un gran lavado de imagen a la ciudad en plena época de la “post-transición”, modernizándola con su apertura a Europa y al mundo. Todo aquello estuvo acompañado del "boom" artístico y musical que supuso la Movida madrileña.  

Cartel de las Fiestas de San Isidro de 1985, con la típica estética de los años 80. Colección del autor.

Diversas portadas del periódico municipal "Villa de Madrid" (1982 - 1992). Colección del autor.

Fui un lector que devoraba todo lo que se publicaba en dicho diario municipal, que llegaba a casa quincenalmente por correo, y que compartía con la gran lectora que fue mi recordada abuela Isabel. Solía acudir también al antiguo Patronato Municipal de Turismo, situado entonces en la calle Señores de Luzón, para conseguir publicaciones y folletos sobre la ciudad. Todavía conservo como si fuera una reliquia el librito llamado “Conocer Madrid”

Oficinas donde estuvo el antiguo Patronato de Trusimo del Ayuntamiento, en la calle Señores de Luzón, 10.

Por entonces conseguí fortuitamente varios números de la revista municipal cuatrimestral llamada también “Villa de Madrid”. Repleta de grandes artículos de investigación, de cultura y de actualidad madrileña, conservo la colección casi al completo, desde su primer número publicado en 1957.

Número 1 de la Revista Villa de Madrid (1957). Colección del autor.

Tras superar la antigua Selectividad en el verano de 1987, realicé la preinscripción y fui admitido en la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense. Pero en septiembre de aquel año aprobé el  examen de ingreso en la antigua Escuela Oficial de Turismo, por lo que me decanté por estos estudios. La escuela estaba en el número 14 de la plaza de Manuel Becerra, edificio traspasado hoy día a la Universidad Rey Juan Carlos. Fueron unos años maravillosos de estudiante, en los que hice muy buenos amigos que todavía conservo.

Antiguo edificio de la Escuela Oficial de Turismo, en la plaza Manuel becerra, 14.

Desde esta plaza continué pateándome Madrid. Recuerdo que una mañana de noviembre me acerqué caminando a la plaza de Rubén Darío. Allí se había instalado la mesa petitoria del Día de la Cruz Roja, delante de la antigua sede de esta Institución. Allí pude dejar un donativo y saludar a la reina Doña Sofía, que presidía ese día la mesa. 

Guardo un gran cariño a toda la zona de Manuel Becerra y toda esta parte del barrio de Salamanca que recorrí en numerosas ocasiones.

Local de la calle Duque de Medinaceli 2, dónde estuvo hasta hace pocos años la Oficina de Información Turística de la Comunidad de Madrid. 

A comienzos de los años 90 hice las prácticas de informador turístico en las Oficinas de Información turística de  la Comunicad de Madrid en el Aeropuerto de Barajas, en la estación de Chamartín y en la calle Duque de Medinaceli número 2. En esta última coincidí con la directora responsable de las oficinas, la excelente profesional y admirada jefa que fue Pilar Pascual Encuentra.  Me gustaría muchísimo volver a contactar con ella, ya que le admiraba mucho y por desgracia perdí el contacto años después al jubilarse, en una época en la que no estaba todavía generalizado el uso del teléfono móvil.


Carteles promocionales con plazas madrileñas dibujadas. Editados por la Dirección General de Turismo de la Comunidad de Madrid, se distribuían en la Oficina de la calle Duque de Medinaceli. Colección del autor.
 

En 1992 me presenté a los diversos exámenes que entonces convocaba Patrimonio Nacional y conseguí el Título de Guía Autorizado en todos los inmuebles de este organismo en la Comunidad de Madrid. Fue una experiencia dura, pero muy enriquecedora por todo lo que aprendí.

En 1994 aprobé un concurso-oposición de la Comunidad de Madrid y estuve trabajando unos meses como funcionario interino en la oficina de Información Turística de la Comunidad de Madrid en la Estación de Chamartín, una experiencia buenísima que desgraciadamente no duró más tiempo. Traté eso sí de ser un funcionario ejemplar, dentro de una materia que siempre me ha apasionado, pero mi futuro no estaría unido al sector público.

Entrada principal a la iglesia de San Nicolás de Bari de los Servitas.

En octubre de 1997 mi esposa y yo elegimos para casarnos la iglesia más antigua de Madrid, San Nicolás de los Servitas (s.s. XII – XVII). Junto a la invitación de la boda, adjuntamos a los invitados un folio confeccionado por nosotros, con una reseña histórica del templo acompañada de unas fotografías. Este año 2022 hemos celebrado allí de nuevo una ceremonia religiosa para conmemorar nuestras Bodas de Plata.

Mi primer intento por entrar en el mundillo periodístico fue a finales de los años 90, cuando tuve una entrevista con Eugenio de Quesada, presidente del grupo Nexo. Por entonces dirigía el periódico Nexotur, especializado en el sector turístico. Estuve con él en la redacción, situada entonces en la calle Lope de Vega. Llegué incluso a escribir un artículo que me encargó sobre el sector, y que él mismo me corrigió en persona. Pero mi incipiente carrera de redactor no prosperó debido a motivos estrictamente económicos.

Estos últimos años he estado escribiendo pequeños artículos sobre temas madrileños, acompañados de fotografías propias y ajenas, que publicaba en mi muro de Facebook. En enero de 2018 contacté con la Editorial La Librería, especializada en la publicación de libros de tema madrileño desde 1986.

Tienda y Editorial La Librería, situadas en la calle Mayor 80.

Tuve una entrevista con el director de la Librería, Miguel Tébar, y su segundo de a bordo, el escritor y periodista Manu García del Moral, muy conocido en los círculos madrileños por sus libros sobre Madrid  y por su popularísima web “Secretos de Madrid”. Les interesaron mis artículos y mi forma de escribir sobre la capital y me encargaron entonces que escribiera mi primer libro: “Placas de las Calles de Madrid”.

Con Manuel García del Moral (Manu) en octubre de 2018 en la tienda de la editorial La Librería (C/ Mayor, 80)

Por desgracia Miguel Tébar nos ha dejado el pasado 10 de septiembre en un accidente de alpinismo. Aunque ya no esté entre nosotros, siempre le guardaré un afectuoso recuerdo, por haber confiado en un perfecto desconocido como yo para escribir mi primer libro.  “Placas de las calles de Madrid” se publicó en octubre de 2018, y fue el mejor regalo de cumpleaños que pude tener en mi cincuenta aniversario. Después he publicado con esta misma Editorial “Fantasmas de Madrid”, “Historias de las Calles de Madrid” y “Guía del Barrio de Las Letras”.

Detalle de la estantería de la tienda de la Editorial La Librería con mis obras.  

Siempre estaré muy agradecido a la Editorial por haberme encargado el libro de las Historias de las Calles, que escribí desde finales de 2109 y durante 2020, año de la pandemia. Su elaboración fue muy compleja, ya que tuve que resumir más de 500 biografías de personajes sacadas del diccionario de la Real Academia de la Historia, y describir un total de 960 calles madrileñas. Al dedicarme en cuerpo y alma a su escritura tuve un poco abandonada a mi familia. Pero gracias a ello pude alejar el fantasma de la depresión que me perseguía, debido a la inactividad y el erte laboral que sufrí en la empresa de servicios turísticos dónde trabajo.  

Firma de libros en el stand de Ediciones la Librería durante la Fería del Libro de Madrid, en junio de 2022. Fotografía de Rafa Plaza.

En cuarenta años, he debido hacer varios cientos de kilómetros paseando y conociendo Madrid, pero puedo decir humildemente que todavía me queda mucho por conocer. Continúo escribiendo artículos en este blog “Madrid Sorprende” (MadridSorprende.blosgpot.com). También publico fotografías y textos sobre la ciudad en la página de Facebook “Madrid Sorprende”. En esta misma red social he publicado más de 4.700 fotografías de farolas de todo el mundo en mi página “Farolas y faroles”.

Ya estoy preparando mi próximo libro, que será el quinto que escribo. Sólo puedo contar que versará, cómo no, sobre mi amada ciudad de Madrid.

Muchas gracias por haberme permitido compartir una parte muy importante de mi vida con todos vosotros.

 

Copyright © José Luis Rodríguez-Checa 2022.

Prohibida la reproducción total o parcial del artículo y las fotografías, salvo autorización escrita del autor.

 

viernes, 11 de febrero de 2022

El Museo de Educación y Ciencia del Instituto San Isidro.

 EL MUSEO DE EDUCACIÓN Y CIENCIA DEL INSTITUTO SAN ISIDRO.

Claustro barroco construido en 1679. Desde aquí se accede al Museo de Educación y Ciencia. 

El Instituto de Educación Secundaria San Isidro de Madrid, situado en el número 39 de la calle Toledo, es el centro educativo más antiguo de España y uno de los más veteranos del mundo.  Su origen se remonta a 1603 cuando la emperatriz María de Austria, hija de Carlos V,  deja en el testamento sus bienes a la orden jesuita para la fundación del Colegio Imperial. 

El Centro absorbió al antiguo Estudio de la Villa, institución municipal de Enseñanza de Humanidades creada en el siglo XIV, y también la Academia de Matemáticas, fundada en 1582 por el rey Felipe II.  

Balcones de la planta alta del Claustro.  

Vistas de la cúpula encamonada de la Colegiata de San Isidro desde las aulas del edificio docente.

Durante el reinado de Felipe IV se pretendió convertirlo en centro universitario, pero las universidades de Alcalá de Henares y Salamanca se opusieron a ello. Finalmente se transformó en unos Reales Estudios de carácter superior. En 1767 los Jesuitas fueron expulsados de España por orden del rey Carlos III. 

La Iglesia anexa de San Francisco Javier se transformó en Colegiata de San Isidro, acogiendo desde entonces el cuerpo incorrupto del santo madrileño. El centro docente se convirtió en los Reales Estudios de San Isidro.

Entrada principal al Instituto San Isidro por la calle Toledo.

Hacia 1752, el jesuita Wendlingen, Cosmógrafo Mayor del Reino y catedrático de Matemáticas del los Reales Estudios, instaló en un lateral de este edificio un observatorio astronómico.  En 1753 el marino y científico Jorge Juan, formado durante años en Inglaterra, fundó en Cádiz el primer observatorio astronómico de España, dotándolo de libros e instrumental adquiridos en Londres.  

En 1770 Jorge Juan fue nombrado por el rey Carlos III Director del Real Seminario de Nobles, institución de enseñanza de las élites situada en este caserón, dónde realizó una importante reforma administrativa y académica.

Entrada principal del Instituo San Isidro desde la calle Toledo.

El Instituto actual fue creado en 1845, al aplicarse el Plan General de Estudios del ministro de la Gobernación Pedro Pidal.  Ya en el siglo XX, el Centro sufrió una profunda reforma entre 1969 y 1971, al construirse un nuevo edificio docente que eliminó partes históricas del complejo. 

Portada barroca del Instituto situada en la calle Estudios, utilizada como puerta auxiliar.

En 1995 se cumplió el 150 aniversario de la creación del Instituto. El 21 de abril de ese año recibió la visita de los entonces reyes de España Don Juan Carlos y Doña Sofía, que descubrieron una placa conmemorativa en el vestíbulo. Don Juan Carlos fue alumno del centro siendo príncipe, entre 1949 y 1954..

Imagen de junio de 1949 conservada en la Sala del Consejo Escolar. Muestra al entonces príncipe Juan Carlos junto al Director y otros profesores, cuando acudió al Instituto a examinarse para el ingreso en Bachillerato. 

 Tras la reforma de finales de los años 60, quedó cegada e inutilizada una gran escalera imperial de piedra del siglo XVII en el lateral este del claustro. Años más tarde se decidió aprovechar los tramos de la citada escalera y algunos pasillos ciegos para crear el Museo de Educación y Ciencia, inaugurado el 10 de junio de 2010.

Caja de la escalera imperial del Instituto, construida en el sigo XVII.

El objetivo de este Museo es mostrar al público el excepcional patrimonio histórico y científico utilizado para la docencia, acumulado por el Instituto durante décadas. El Centro pretende compartir con la sociedad toda estos bienes, conservándolos en buenas condiciones para el futuro gracias al estudio, la investigación y la restauración de los mismos. 

Recreación de una antigua aula en la entrada del Museo.

La visita comienza con una recreación en el hueco de la escalera de una antigua aula, con pupitres y pizarra, junto a la mesa del profesor que muestra un globo terráqueo y una vieja máquina de escribir. 

A la derecha, una vitrina expone los expedientes académicos de prestigiosas figuras que fueron alumnos de este Instituto, como intelectuales, artistas, políticos y hasta un rey, Don Juan Carlos I.  Entre ellos sobresalen los escritores galardonados con el premio Nobel de Literatura: José Echegaray (1904) , Jacinto Benavente (1922), Vicente Aleixandre (1977) y Camilo José Cela (1989)

vitrina que expone los expedientes académicos de los antiguos alumnos Vicente Aleixandre, Camilo José Cela o Antonio Machado, entre otros.figuras.

Expedientes académicos del doctor Gregorio Marañón y del actor José Luis López Vázquez. 

La exposición se va desarrollando según subimos las escaleras, dónde podemos ver mapas geográficos y políticos, libros de texto, trabajos de alumnos y otros objetos relacionados con la Enseñanza.

En el rincón dedicado al Grupo de Teatro, una curiosísima fotografía muestra a los entonces alumnos Emilio Gutiérrez Caba, Manuel Galiana y José Carabias, que acabaron siendo grandes actores de teatro y cine en España.


Rincón dedicado en el museo al Grupo de Teatro.

En la primera planta, unas vitrinas de madera exponen material científico y técnico procedente del Gabinete de Física y Química, colecciones de minerales y modelos vegetales en papel maché procedentes del Gabinete de Historia Natural. Destacan los microscopios, el proyector y las diapositivas de cristal  - placas epidoscópicas- utilizados en las clases.


Sala con antiguas vitrinas que exponen objetos procedente de los antiguos Gabinetes de Física y Química y de Historia Natual. 

La parte superior de la escalera muestra en forma de un “árbol de la vida” buena parte de la colección de animales disecados que atesoraba el Gabinete de Historia Natural, utilizados antiguamente para la enseñanza. Son de destacar las herramientas prehistóricas, obtenidas durante el siglo XIX en las excavaciones arqueológicas de las terrazas del Manzanares, próximas a la ermita de San Isidro.

Penúltimo tramo de la escalera, con animales disecados expuestos en forma de "árbol de la vida".

Rincón que expone animales disecados. En las vitrinas del fondo se muestran herramientas prehistóricas de las terrazas del Manzanares y cráneos de homínidos.

El tramo final de la escalera expone un cuerpo humano desmontable, un “hombre clástico” creado a finales del siglo XIX en París por el Dr. Auzoux. También podemos ver esqueletos, láminas de anatomía  y diferentes objetos anatómicos humanos realizados a escala grande en papel maché, testimonio de las técnicas educativas utilizadas en el pasado.   

Tramo final de la escalera, con láminas de anatomía alrededor del "hombre clástico" realizado en papel maché.

Vista de las vitrinas que exponen la gran colección de piezas del antiguo Gabinete de Historia Natural.

En el patio moderno situado a la derecha de la entrada del Instituto se encuentra una joya poco conocida, la Capilla de la Inmaculada. Edificada en el siglo XVIII, en su altar podemos ver un cuadro de la Virgen Inmaculada obra de Juan Carreño de Miranda. Dentro del conjunto destaca la espectacular bóveda pintada al fresco hacia 1725 por Antonio Palomino y Juan Delgado. Presenta una rica decoración a base de arquitecturas fingidas, santos, evangelistas, ángeles y vírgenes. 

Vista de la antigua capilla de la Inmaculada Concepción con la bóveda decorada.

Altar mayor de la Capilla, con el lienzo de la Inmaculada obra de Carreño de Miranda.

Antiguamente fue utilizada como Salón de Actos y aula. El escritor Pio Baroja la cita en su novela  “El árbol de la Ciencia” (1911) como el lugar donde los estudiantes recibían clases de Química General para el curso preparatorio de Medicina y Farmacia:

Detalle de la bóveda ricamente decorada con frescos de Antonio Palomino y Juan Delgado.

En este mismo patio,  junto a la citada Capilla, podemos ver un antiguo reloj de sol orientado curiosamente al este. Este reloj servía para indicar las horas de la mañana a los alumnos. Fue descubierto en 2013, cuando unas obras municipales derribaron un edificio situado junto al vecino palacio de Sueca

Placa situada en el patio del Instituto que recuerda la historia del reloj de sol.

Datado aproximadamente en la segunda mitad del s. XVIII, se encuentra bastante deteriorado, ya que le falta la parte izquierda y la varilla que indicaba las horas. Restos de una vieja inscripción en la parte baja aluden al paso del tiempo y de la vida.


Reloj de sol situado en el lado este de la Capilla de la Inmaculada.  Se cree que el Observatorio astronómico pudo estar dónde hoy se encuentra el edificio blanco de la derecha.

El Instituto sufrió en los años sesenta del siglo XX una reforma radical para adaptarlo a la gran demanda de alumnos y a las nuevas necesidades educativas. Se demolieron estancias históricas y se levantó un nuevo edifico docente, salvándose afortunadamente el bellísimo claustro barroco. Construido hacia 1679 por Melchor de Bueras y Francisco Bautista, discípulos de Juan de Herrera, consta de dos pisos. Sobre sus arcos podemos ver labrada en piedra el águila bicéfala de los Austrias.   


Arquerías del claustro barroco y decoración de águilas bicéfalas en la clave de los arcos. 

El acceso al Museo es gratuito y se encuentra abierto al público los viernes en horario de 16:30 a 18:30 hh. Se accede a él por la puerta principal, atravesando el vestíbulo de la conserjería y rodeando el claustro barroco. La entrada se encuentra justo enfrente, en el lado este del claustro. Un grupo de alumnos voluntarios del Instituto lo enseñan amablemente a todo aquel que se acerque a verlo.  

Acceso al Museo de Educación y Ciencia situado en el lado este del claustro barroco.

Mi mayor agradecimiento a Rafael Martín,  Jefe de Estudios del Instituto San Isidro, impulsor del Museo y gran apasionado de la historia del Centro. Muchas gracias por explicarme todos los detalles del mismo y mostrarme además rincones poco conocidos del edificio.

 

Copyright © José Luis Rodríguez-Checa 2022.

Prohibida la reproducción total o parcial del artículo y las fotografías, salvo autorización escrita del autor.

San Nicolás, la iglesia más antigua de Madrid.

SAN NICOLÁS, LA IGLESIA MÁS ANTIGUA DE MADRID.  Vista de la entrada principal al templo desde la plaza de San Nicolás. La iglesia más antigu...