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lunes, 17 de febrero de 2025

Casa Botín, 300 años de gastronomía e historia.

CASA BOTÍN, 300 AÑOS DE GASTRONOMÍA E HISTORIA.

Portada principal de Casa Botín en la calle Cuchilleros, 17.

El restaurante más antiguo del mundo, certificado por el Libro Guinness de los Records, se encuentra en el corazón del Madrid de los Austrias. Hablamos de “Casa Botín”, también conocido como “Sobrino de Botín”, en la calle Cuchilleros 17.

Alacena con viejas cerámicas en un rincón del salón castellano de la primera planta.

El origen de este restaurante tricentenario se remonta al siglo XVII, cuando un cocinero francés llamado Jean Botin, casado con una asturiana, llega a Madrid y se establece por esta zona de la Plaza Mayor. Cuando años más tarde fallecen los Botín, el negocio pasó a Cándido Remis, sobrino de su esposa. Cándido abrió en 1725 una posada en la calle Cuchilleros, quedando grabada la fecha en el dintel de la portada.

Antiguo portal del edificio de Casa Botín, con la fecha grabada en el dintel de piedra.

Grabado con una escena del restaurante en el s. XVIII. Sirve de portada a la Carta del restaurante. Fuente :  https://botin.es/

En aquella época las “casas de comidas” preparaban las viandas que les traían sus clientes y se las servían una vez cocinadas. No tenían permiso para servir carnes ni bebidas como el vino, debido a una rígida normativa que existía para no competir con otros gremios.

Horno de leña, con los asados en preparación.

El encantador horno de leña forrado de azulejos, que según cuentan no se ha apagado durante estos siglos de historia, pertenece también a la época de inauguración del establecimiento. Allí se siguen cocinando a diario especialidades castellanas de la Casa como el cordero o el cochinillo. Según cuenta la tradición, el mismísimo pintor don Francisco de Goya trabajó de joven, cuando era aprendiz de pintor, lavando platos en la cocina.

El personal de Casa Botín posando en 1887 a la entrada del restaurante. Fuente :  https://botin.es/

Llegado el siglo XIX se reformó el local, se instaló en la planta baja un mostrador de pastelería y se abrieron los escaparates. El interior de esta planta se decoró con un friso de madera labrada de estilo neogótico, con adornos y detalles en pan de oro.

Vitrina con decoración neogótica tras el antiguo mostrador de pastelería y rincón del salón, situados ambos en la platan baja.

En 1930, la familia formada por Emilio González, su esposa Amparo Martín y sus hijos Antonio y José, se hicieron cargo del restaurante. Vivían en el segundo y tercer piso del edificio y por entonces tenían a siete empleados a su cargo. Durante la guerra civil, Casa Botín continuó su actividad convertido en un comedor para milicianos. Con la gran dedicación de esta familia durante casi cien años, el negocio ha ido creciendo y asentándose hasta el día de hoy como uno de los restaurantes más afamados de Madrid, contando con una plantilla de 70 profesionales.

Salón comedor de la "cueva", con paredes abovedadas de ladrillo.

Bodega de Casa Botín, situada en el nivel más profundo del edificio.

El establecimiento consta de cuatro ambientes principales: Los salones castellanos de la primera y la segunda planta, el salón de decoración neogótica de la planta de calle y la “cueva” del sótano, antigua bodega abovedada de ladrillo. En agosto de 2020 abrió en el exterior una terraza con pocas mesas, ocupando el espacio de la fachada.

Lápida en homenaje a Benito Pérez Galdós en la fachada del edificio.

Este restaurante está intimamente relacionado con la Literatura. El gran Benito Pérez Galdós (1843-1920) lo cita en su obra cumbre “Fortunata y Jacinta”, como recuerda la lápida de su fachada. También es nombrado en otra de sus obras, “Misericordia”. El escritor frecuentaba Casa Botín y solía escribír sus artículos dominicales en una mesa del comedor de la planta baja.

Detalle de la decoración del comedor de la planta baja.

El escritor, periodista y Premio Nobel de Literatura Ernest Hemingway (1899-1961) estuvo muy unido afectivamente a Madrid y llegó a ser muy amigo de don Emilio, propietario de este local. De él escribió que era “uno de los mejores restaurantes del mundo”, como aparece en la novela “Fiesta“ (1926). También lo citó en su libro  “Muerte en la tarde” (1932).

Rincón preferido de Ernest Hemingway en el salón del primer piso.

Según me relató don Antonio González, propietario ya retirado, Hemingway le propuso a su padre en los años cincuenta hacer una paella en la cocina de Casa Botín. Cuando su padre don Emilio pudo degustar el resultado, le aconsejó al escritor que continuara dedicándose a la literatura, materia que dominaba sobre todas las cosas. El Nobel tenía una mesa siempre reservada junto a un rincón del salón de la primera planta. Con su gran fama, Hemingway abrió las puertas de Botín a los clientes norteamericanos que visitan España.

Rincón del comedor castellano de la primera planta.

Botín inspiró además varias greguerías al gran Ramón Gómez de la Serna como aquella que decía así :  “Botín es el gran restaurante donde se asan las cosas nuevas en las cazuelas antiguas”. También aparecen citas literarias de esta Casa realizadas por numerosos escritores como Carlos Arniches, Arturo Barea, Mariano de Cavia, Graham Greene, Antonio Gómez Rufo, Nieves Herrero o María Dueñas.

Rincón del salón comedor de la "cueva".

Durante los años cincuenta del siglo XX, Casa Botín acogió en numerosas ocasiones a la actriz Ava Gardner, mientras rodaba en España la película “La condesa descalza”. El local vivió además las juergas y excesos de la actriz, como bailar descalza encima de una mesas durante una fiesta.

Dedicatorias firmadas por miembros de la Casa Real a Casa Botín.

Por los manteles de Casa Botín han pasado miembros de la realeza y la aristocracia españolas y un sinfín de personalidades como Woody Allen, Neil Amstrong, Truman Capote, Tony Curtis, Michael Douglas, Federico García Lorca, Charlton Heston, Jacqueline Kennedy, Nancy Reagan o Miguel de Unamuno, entre otros muchos.

Certificado del Record Guinness, expuesto en el escaparate del local.

Como curiosidad, comentar que la idea de solicitar el título del Record Guinness no partió de la dirección de Casa Botín, sino de un cliente inglés asiduo al restaurante. El galardón fue concedido en 1987, tras una investigación realizada por miembros del comité. La pugna estuvo muy reñida con el restaurante Tour d´Argent de París, pero éste fue finalmente descarado ya que había cerrado sus puertas al público en algún periodo de su historia.

Larga vida a Casa Botín.

 


Copyright © José Luis Rodríguez-Checa  2025.

Fotografías : © Elena Alajarín.

Prohibida la reproducción total o parcial del artículo y las fotografías, salvo autorización escrita del autor.

jueves, 27 de octubre de 2022

Cuarenta años de pasión por Madrid.

 CUARENTA AÑOS DE PASIÓN POR MADRID.

Calle de Toledo vista desde la Colegiata de San Isidro. Al fondo, arco de Cofreros de la Plaza Mayor.

Me vais a permitir publicar este artículo autobiográfico, ya que este mes de octubre se cumplen mis primeros cuarenta años “pateando” Madrid. Todo comenzó a mediados de octubre de 1982, con catorce años recién cumplidos. Acababa de ingresar en el Instituto Nacional de Bachillerato Cervantes, en la calle Embajadores, 70. En aquel curso se permitía salir del edificio a la calle durante el descanso que había a media mañana.

Entrada principal del Instituto Cervantes en la calle Embajadores 70.

Una día salí del noble edificio de Jareño y enfilé calle Embajadores arriba, movido por un deseo de descubrir cosas nuevas. Debido a que mis conocimientos sobre Madrid eran entonces muy escasos, opté por no abandonar el eje de esta calle para no perderme. Caminando cuesta arriba, llegué al llamado “corazón” del Rastro  en la plaza de Cascorro, tomé la calle Estudios y terminé a las puertas de la entonces Catedral provisional de Madrid, hoy Real Colegiata de San Isidro.

Inicio de la calle Toledo, con el acceso al estacionamiento subterráneo de la Plaza Mayor. Al fondo, Arco de Cofreros por el que se accede a la plaza.

La vista que apareció ante mis ojos me sorprendió, ya que divisé al fondo parte de la Plaza Mayor, visible desde el llamado Arco de Cofreros dónde nace la calle Toledo.  Para mí, aquella imagen fue impactante, ya que había llegado por mi propio impulso a un lugar en el que había estado en contadísimas ocasiones, y siempre acompañado de mis padres, probablemente en fechas navideñas. Se puede decir que ese día se produjo mi “flechazo” por Madrid.

A partir de entonces se abrió ante mí todo un mundo de posibilidades para conocer Madrid a fondo, para escaparme durante los “recreos” del Instituto Cervantes, para “patear” a mi antojo la ciudad en mi tiempo libre, incluso para acudir junto a alguno de mis compañeros del Centro educativo y mostrarles rincones y vericuetos que había conocido en el barrio de los Austrias. Recuerdo que uno de mis primeros "descubrimientos" fue contemplar el jardin del "Huerto de las Monjas", abierto en los años 80 entre las calles Sacramento y Rollo, en lo que fue el antiguo huerto del desaparecido Convento del Sacramento.  

Jardín municipal del "Huerto de las Monjas", situado entre la calle Sacramento 7 y la calle del Rollo.

En 1985, al pasar junto a la entonces Catedral de San Isidro tuve la oportunidad de entrar y contemplar por primera vez el cuerpo incorrupto de San Isidro.  Se exponía al público para conmemorar el primer centenario de la Diócesis de Madrid. Desde aquella época, en la que no tenía cámara fotográfica ni teléfono móvil, he ido archivando en mi memoria numerosos rincones de Madrid que han sufrido grandes cambios y transformaciones a lo largo de estas cuatro décadas.

Cartel anunciador de las Fiestas del distrito Centro en 1987, con la estética típica de los años 80. Colección del autor.

Fui una de las primeras diez personas que se pusieron a la cola el 20 de enero de 1986 en la Plaza de la Villa, esperando que abrieran al público la capilla ardiente del alcalde Enrique Tierno Galván.  El Viejo Profesor había fallecido en un hospital madrileño el día anterior.

Multitudinario entierro de Enrique Tierno Galván el 21 de enero de 1986 a su paso por la plaza de Cibeles. Fuente: https://elpais.com/

La multitudinaria despedida del pueblo de Madrid tuvo lugar el 21 de enero. Se inició en la plaza de la Villa, atravesó la Puerta del Sol y recorrió la calle de Alcalá hasta la despedida en Cibeles. Se calcula que un millón de madrileños se echaron esa tarde a la calle. Acudí con algunos compañeros del Instituto Cervantes hasta la plaza de Cibeles . Para ver mejor la comitiva fúnebre, con aquel impresionante coche de caballos que llegó desde el Museo de Pompas Fúnebres de Barcelona,  estuvimos subidos a las verjas del entonces abandonado Palacio de Linares,

Con Carmen García Velasco, profesora del Instituto Cervantes, en 1987 durante mi exposición de dibujos

En abril de 1987 organicé una exposición de dibujos en el Instituto Cervantes. Titulada “Arquitecturas informales”. Estaba formada de una serie de dibujos realizados a bolígrafo de tinta azul de edificios conocidos y algunas fantasías arquitectónicas. Conté entonces con el apoyo y el estímulo de mi profesora de dibujo y catedrática de Arte  Carmen García Velasco, a la que siempre estaré muy agradecidoEsta pintora y artista  continúa todavía en activo a sus ochenta y tantos años de edad y no he perdido el contacto con ella. 

Me sigue apasionando el mundo de la arquitectura, aunque reconozco que el dibujo lo tengo un poco abandonado.

"Diversos tipos de farolas de Madrid". dibujo de 1987 que estuvo expuesto en el Instituto de Bachillerato Cervantes. Colección del autor.

Casa de la Villa y Casa de Cisneros. Dibujo de 2015 realizado a tinta azul. Colección del autor.

En aquella época de los míticos años 80, era un lector incondicional del periódico quincenal “Villa de Madrid”, editado por el Ayuntamiento. Por entonces el alcalde Enrique Tierno Galván quiso dar un gran lavado de imagen a la ciudad en plena época de la “post-transición”, modernizándola con su apertura a Europa y al mundo. Todo aquello estuvo acompañado del "boom" artístico y musical que supuso la Movida madrileña.  

Cartel de las Fiestas de San Isidro de 1985, con la típica estética de los años 80. Colección del autor.

Diversas portadas del periódico municipal "Villa de Madrid" (1982 - 1992). Colección del autor.

Fui un lector que devoraba todo lo que se publicaba en dicho diario municipal, que llegaba a casa quincenalmente por correo, y que compartía con la gran lectora que fue mi recordada abuela Isabel. Solía acudir también al antiguo Patronato Municipal de Turismo, situado entonces en la calle Señores de Luzón, para conseguir publicaciones y folletos sobre la ciudad. Todavía conservo como si fuera una reliquia el librito llamado “Conocer Madrid”

Oficinas donde estuvo el antiguo Patronato de Trusimo del Ayuntamiento, en la calle Señores de Luzón, 10.

Por entonces conseguí fortuitamente varios números de la revista municipal cuatrimestral llamada también “Villa de Madrid”. Repleta de grandes artículos de investigación, de cultura y de actualidad madrileña, conservo la colección casi al completo, desde su primer número publicado en 1957.

Número 1 de la Revista Villa de Madrid (1957). Colección del autor.

Tras superar la antigua Selectividad en el verano de 1987, realicé la preinscripción y fui admitido en la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense. Pero en septiembre de aquel año aprobé el  examen de ingreso en la antigua Escuela Oficial de Turismo, por lo que me decanté por estos estudios. La escuela estaba en el número 14 de la plaza de Manuel Becerra, edificio traspasado hoy día a la Universidad Rey Juan Carlos. Fueron unos años maravillosos de estudiante, en los que hice muy buenos amigos que todavía conservo.

Antiguo edificio de la Escuela Oficial de Turismo, en la plaza Manuel becerra, 14.

Desde esta plaza continué pateándome Madrid. Recuerdo que una mañana de noviembre me acerqué caminando a la plaza de Rubén Darío. Allí se había instalado la mesa petitoria del Día de la Cruz Roja, delante de la antigua sede de esta Institución. Allí pude dejar un donativo y saludar a la reina Doña Sofía, que presidía ese día la mesa. 

Guardo un gran cariño a toda la zona de Manuel Becerra y toda esta parte del barrio de Salamanca que recorrí en numerosas ocasiones.

Local de la calle Duque de Medinaceli 2, dónde estuvo hasta hace pocos años la Oficina de Información Turística de la Comunidad de Madrid. 

A comienzos de los años 90 hice las prácticas de informador turístico en las Oficinas de Información turística de  la Comunicad de Madrid en el Aeropuerto de Barajas, en la estación de Chamartín y en la calle Duque de Medinaceli número 2. En esta última coincidí con la directora responsable de las oficinas, la excelente profesional y admirada jefa que fue Pilar Pascual Encuentra.  Me gustaría muchísimo volver a contactar con ella, ya que le admiraba mucho y por desgracia perdí el contacto años después al jubilarse, en una época en la que no estaba todavía generalizado el uso del teléfono móvil.


Carteles promocionales con plazas madrileñas dibujadas. Editados por la Dirección General de Turismo de la Comunidad de Madrid, se distribuían en la Oficina de la calle Duque de Medinaceli. Colección del autor.
 

En 1992 me presenté a los diversos exámenes que entonces convocaba Patrimonio Nacional y conseguí el Título de Guía Autorizado en todos los inmuebles de este organismo en la Comunidad de Madrid. Fue una experiencia dura, pero muy enriquecedora por todo lo que aprendí.

En 1994 aprobé un concurso-oposición de la Comunidad de Madrid y estuve trabajando unos meses como funcionario interino en la oficina de Información Turística de la Comunidad de Madrid en la Estación de Chamartín, una experiencia buenísima que desgraciadamente no duró más tiempo. Traté eso sí de ser un funcionario ejemplar, dentro de una materia que siempre me ha apasionado, pero mi futuro no estaría unido al sector público.

Entrada principal a la iglesia de San Nicolás de Bari de los Servitas.

En octubre de 1997 mi esposa y yo elegimos para casarnos la iglesia más antigua de Madrid, San Nicolás de los Servitas (s.s. XII – XVII). Junto a la invitación de la boda, adjuntamos a los invitados un folio confeccionado por nosotros, con una reseña histórica del templo acompañada de unas fotografías. Este año 2022 hemos celebrado allí de nuevo una ceremonia religiosa para conmemorar nuestras Bodas de Plata.

Mi primer intento por entrar en el mundillo periodístico fue a finales de los años 90, cuando tuve una entrevista con Eugenio de Quesada, presidente del grupo Nexo. Por entonces dirigía el periódico Nexotur, especializado en el sector turístico. Estuve con él en la redacción, situada entonces en la calle Lope de Vega. Llegué incluso a escribir un artículo que me encargó sobre el sector, y que él mismo me corrigió en persona. Pero mi incipiente carrera de redactor no prosperó debido a motivos estrictamente económicos.

Estos últimos años he estado escribiendo pequeños artículos sobre temas madrileños, acompañados de fotografías propias y ajenas, que publicaba en mi muro de Facebook. En enero de 2018 contacté con la Editorial La Librería, especializada en la publicación de libros de tema madrileño desde 1986.

Tienda y Editorial La Librería, situadas en la calle Mayor 80.

Tuve una entrevista con el director de la Librería, Miguel Tébar, y su segundo de a bordo, el escritor y periodista Manu García del Moral, muy conocido en los círculos madrileños por sus libros sobre Madrid  y por su popularísima web “Secretos de Madrid”. Les interesaron mis artículos y mi forma de escribir sobre la capital y me encargaron entonces que escribiera mi primer libro: “Placas de las Calles de Madrid”.

Con Manuel García del Moral (Manu) en octubre de 2018 en la tienda de la editorial La Librería (C/ Mayor, 80)

Por desgracia Miguel Tébar nos ha dejado el pasado 10 de septiembre en un accidente de alpinismo. Aunque ya no esté entre nosotros, siempre le guardaré un afectuoso recuerdo, por haber confiado en un perfecto desconocido como yo para escribir mi primer libro.  “Placas de las calles de Madrid” se publicó en octubre de 2018, y fue el mejor regalo de cumpleaños que pude tener en mi cincuenta aniversario. Después he publicado con esta misma Editorial “Fantasmas de Madrid”, “Historias de las Calles de Madrid” y “Guía del Barrio de Las Letras”.

Detalle de la estantería de la tienda de la Editorial La Librería con mis obras.  

Siempre estaré muy agradecido a la Editorial por haberme encargado el libro de las Historias de las Calles, que escribí desde finales de 2109 y durante 2020, año de la pandemia. Su elaboración fue muy compleja, ya que tuve que resumir más de 500 biografías de personajes sacadas del diccionario de la Real Academia de la Historia, y describir un total de 960 calles madrileñas. Al dedicarme en cuerpo y alma a su escritura tuve un poco abandonada a mi familia. Pero gracias a ello pude alejar el fantasma de la depresión que me perseguía, debido a la inactividad y el erte laboral que sufrí en la empresa de servicios turísticos dónde trabajo.  

Firma de libros en el stand de Ediciones la Librería durante la Fería del Libro de Madrid, en junio de 2022. Fotografía de Rafa Plaza.

En cuarenta años, he debido hacer varios cientos de kilómetros paseando y conociendo Madrid, pero puedo decir humildemente que todavía me queda mucho por conocer. Continúo escribiendo artículos en este blog “Madrid Sorprende” (MadridSorprende.blosgpot.com). También publico fotografías y textos sobre la ciudad en la página de Facebook “Madrid Sorprende”. En esta misma red social he publicado más de 4.700 fotografías de farolas de todo el mundo en mi página “Farolas y faroles”.

Ya estoy preparando mi próximo libro, que será el quinto que escribo. Sólo puedo contar que versará, cómo no, sobre mi amada ciudad de Madrid.

Muchas gracias por haberme permitido compartir una parte muy importante de mi vida con todos vosotros.

 

Copyright © José Luis Rodríguez-Checa 2022.

Prohibida la reproducción total o parcial del artículo y las fotografías, salvo autorización escrita del autor.

 

viernes, 30 de abril de 2021

Héroes, heroinas y escenarios del 2 de mayo de 1808.

HÉROES, HEROINAS Y ESCENARIOS DEL 2 DE MAYO DE 1808. 

“La muerte de Daoiz en el Parque de Artilleria”, obra de 1835 de Leonardo Alenza. Fuente :  Museo Nacional del Romanticismo.

En la mañana del 2 de mayo de 1808, el pueblo de Madrid se levantó contra las tropas napoleónicas que habían invadido España. Esta sublevación popular, que se extendió desde ese día por toda la nación, fue el origen de la Guerra de la Independencia.

Escenarios madrileños como la plaza de Oriente, la Puerta del Sol, el Parque de Artillería de Monteleón o la Puerta de Toledo, entre otros muchos, fueron testigos de la lucha del heroico pueblo madrileño por su libertad, a sabiendas de la inferioridad de sus fuerzas.

Decenas de hombres y mujeres anónimos apoyaron a valerosos militares como los capitanes Daoiz y Velarde y el teniente Ruiz en esta histórica jornada. Muchos de ellos perdieron su vida, y otros tantos fueron apresados y ejecutados esa noche en lugares como la montaña del Príncipe Pío o el Campo de la Lealtad.  Al llegar este aniversario, quiero dedicar a todos ellos mi más sentido homenaje y recuerdo.

 

Lápida erigida en 1908 por el Círculo de Bellas Artes frente al Palacio Real.

Plaza de Oriente,  junto a la puerta del Príncipe de Palacio Real. La mañana del 2 de mayo, una multitud enfurecida se agolpó en este lugar, al sospechar que las tropas francesas querían raptar y llevarse a Francia al infante Francisco de Paula, único hijo del rey Carlos IV que quedaba en Madrid. Al grito de “¡Que se lo llevan!”, el pueblo estalló con rabia, se produjo un gran tumulto y poco después los soldados hicieron fuego contra los ciudadanos. Este fue el primer punto donde estalló el levantamiento, que pronto se extendió por todo Madrid.

El "púlpito", situado en la parte superior de la escalinata del Arco de Cuchilleros
 

"Púlpito" o barandilla de la escalinata del Arco de Cuchilleros de la Plaza Mayor. La tradición cuenta que desde este balconcillo un fraile del convento de San Gíl animó a los madrileños con exaltadas palabras a rebelarse contra las tropas francesas que habían invadido la ciudad.

 

Palacio de Santa Cruz, actual Ministerio de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación

Antigua Cárcel de la Corte en el Palacio de Santa Cruz. Se da la curiosa anécdota que en la mañana del 2 de mayo de 1808, un grupo de reclusos acordaron con el Carcelero Mayor salir a defender Madrid contra los franceses. Armados de navajas y otros objetos punzantes llegaron incluso a arrebatar un cañón al enemigo, causando un gran número de bajas entre los invasores. Por la noche regresaron casi todos ellos de vuelta a la prisión, cumpliendo su palabra y convirtiéndose así en héroes anónimos del levantamiento. 

 

“El 2 de mayo de 1808 en Madrid” o “la lucha con los mamelucos”, pintado en 1814 por Francisco de Goya. Fuente: https://www.museodelprado.es/

Lápida conmemorativa situada en la fachada de la Real Casa de Correos, en la Puerta del Sol.

Puerta del Sol. Aquí se produjo un ataque de enfurecidos madrileños contra los mamelucos, tropas mercenarias egipcias al servicio de Napoleón. Estos exóticos soldados de vestimenta oriental sufrieron el violento ataque de un grupo de madrileños, armados con cuchillos y objetos punzantes. Tras una encarnizada lucha, lograron derribarles de sus caballos y matarlos.

 

Arco del antiguo Parque de Artilleria de Monteleón y grupo escultórico de Daoíz y Velarde, en la plaza del Dos de Mayo.

Arco de Monteleón y monumento a Daoiz y Velarde en la plaza del dos de Mayo. Durante tres horas los capitanes Luis Daoíz y Pedro Velarde, junto con el teniente Jacinto Ruíz, estuvieron luchando contando solo con el apoyo de veinte soldados y cien vecinos voluntarios, entre ellos varias mujeres. Este grupo se enfrentó heroicamente en aquel lugar a dos mil franceses, a pesar de contar con tan solo tres cañones.

El antiguo Parque de Artillería de Monteleón fue demolido en 1868, pero el Ayuntamiento conservó la portada principal a modo de arco triunfal.  La estatua en mármol de los capitanes Daoíz y Velarde fue esculpida en 1822 en Roma por Antonio Solá, a instancias del rey Fernando VII y costeada por el Cuerpo de Artillería. Traída en 1831 a Madrid, estuvo emplazada en lugares como el Museo del Prado, el Jardín del Parterre del Retiro, el Museo de Escultura, la calle Carranza, la fachada principal del Museo del Prado y la plaza de Moncloa. Finalmente en 1932 se instaló en la plaza del Dos de Mayo.

Lápida conmemorativa sobre la fachada de la Iglesia de Nuestra Señora de las Maravillas, en la plaza del Dos de Mayo.
 

"Muerte de Velarde el dos de mayo de 1808", obra de 1862 de Manuel Castellano expuesta en el Museo de Historia de Madrid. Fuente :  http://www.memoriademadrid.es/

El capitán Pedro Velarde murió a consecuencia de un disparo de bala y su cadáver fue trasladado a la cripta de la iglesia de San Martín. Allí se le sepultó en secreto para evitar su profanación por parte de los franceses. Desde 1840, sus cenizas reposan en una un sarcófago situado en el obelisco de la plaza de la Lealtad.

 

Placa municipal en recuerdo de Manuela Malasaña en la calle San Andrés nº 26.

Manuela Malasaña, placa en la calle San Andrés 26. Aquí estuvo la casa donde vivió la joven bordadora de 15 años Manuela Malasaña, frente al parque de Artillería de Monteleón. La leyenda romántica contaba que esta mujer estuvo ayudando a su padre Juan Manuel con la munición en la defensa del cuartel. 

"Juan Malasaña y su hija Manuela se baten contra los franceses". Óleo de 1887 de Eugenio Álvarez Dumont. Fuente: https://www.museodelprado.es/

Tras diversos estudios se ha demostrado que fue detenida el dos de mayo de 1808, acusada por llevar encima unas tijeras propias de su oficio. Tras el levantamiento, los franceses persiguieron con gran dureza la tenencia de armas blancas entre la población, por lo que fue apresada y fusilada esa noche.

 

Placa municipal en recuerdo de Clara del Rey en la calle Velarde nº 20.

Clara del Rey, placa en la calle Velarde  20.  Aquí estuvo la casa donde vivió esta mujer de 47 años. La mañana del 2 de mayo convenció a su marido y a sus tres hijos -de 15, 17 y 19 años de edad- a sumarse a la defensa del Parque de Monteleón. Durante la cruenta batalla, estuvieron  ayudando y dando ánimos a los artilleros. Murió a consecuencia de la metralla recibida de una bala de cañón. Ese día también falleció su marido y uno de sus hijos.

Lápida en el atrio de la Iglesia de Nuestra Señora de la Buena Dicha, en la calle Silva nº 21. 

"Dos de mayo de 1808". Obra realizada en 1884 por Joaquín Sorolla. Fuente:  https://www.museodelprado.es/

Fue enterrada en el cementerio del Hospital para pobres de Nuestra Señora de la Concepción y  Buena Dicha, situado entre la calle Silva y la de Libreros. Este hospital fue derribado a finales del siglo XIX. En su solar se construyó  en 1914 la Iglesia de la Buena Dicha, en cuyo atrio una lápida de mármol la recuerda. Se cree que Clara del Rey es la figura femenina que aparece junto a un cañón en el lateral izquierdo del cuadro de Joaquín SorollaDos de mayo de 1808”.

 

Placa situada en el lugar donde estuvo la casa del capitán Luis Daoiz, en la calle Ternera nº 6.. 

Luis Daoiz, placa en la calle de la Ternera 6 , bocacalle del tramo alto de la calle Preciados.  Aquí estuvo hasta 1997 la antigua casa de Luis Daoiz, donde fue llevado malherido sobre una escalera a modo de camilla en la mañana del  2 de mayo. Procedía del Parque de Monteleón, dónde se produjeron duros enfrentamientos entre el pueblo madrileño y las tropas francesas. 

"Muerte de Daoiz y defensa del Parque de Monteleón", obra de 1862 de Manuel Castellano, expuesta en el Museo de Historia de Madrid. Fuente . http://www.memoriademadrid.es/

Tras fallecer a las pocas horas,  Daoiz fue enterrado en secreto junto con Pedro Velarde en la cripta de la iglesia de San Martín, para evitar que sus restos fueran profanados. Acabada la guerra en 1814, fueron exhumados para rendirles honores militares y proceder a las honras fúnebres en el propio Parque de Monteleón. fueron enterrados provisionalmente en el cementerio de San Isidro, hasta que se inauguró en 1840 el obelisco a los héroes en la plaza de la Lealtad. 

Monumento al teniente Jacinto Ruíz en la plaza del Rey. 

Teniente Ruiz, monumento en la plaza del Rey.  Esculpido por Mariano Benlliure, fue inaugurado en 1891.

A pesar de estar aquejado aquel día de fiebre alta, este teniente se incorporó a su cuartel en Monteleón y se puso a las órdenes de los capitanes Daoiz y Velarde. Ruíz contuvo el ataque junto a un cañón durante las tres horas que duró el asedio. Sufrió una herida de bala en el brazo izquierdo, pero pudo detener la hemorragia y volvió a la lucha. Tras la caída de Daoiz y Velarde, recibió un tiro en la espalda, cayendo al suelo entre los cadáveres. Tras recibir una cura de urgencia de un médico francés, fue trasladado a su casa.

Allí permaneció oculto hasta el 12 de junio, cuando fue sacado de Madrid todavía con fiebre y la herida sin cicatrizar. Llevado a Badajoz, recibió un gran reconocimiento popular por lo que decidió incorporarse al Ejército de Extremadura.  Ingresó en el Real Cuerpo de Guardias Walonas, que combatió en Burgos, Toledo y Cáceres. El 13 de marzo de 1809 Ruíz falleció en Trujillo. Su gesta cayó en el olvido, por lo que su padre se quejó en 1814 en una carta al rey Fernando VII de este hecho. Finalmente en 1909 se trasladaron sus restos y se le rindieron honores militares desde Trujillo hasta el obelisco del Dos de Mayo, en la madrileña plaza de la Lealtad.

 

Placa situada sobre la fachada del Parque de Bomberos, en la glorieta de la Puerta de Toledo.

Placa en la glorieta de la Puerta de Toledo en recuerdo de los madrileños habitantes de los “barrios bajos” que se enfrentaron contra los coraceros franceses. Esta puerta era la principal entrada a la Villa por la parte sur. En este lugar se apostaron muchos madrileños para defenderla luchando contra las tropas francesas.

Grupo escultórico en los jardines de la calle Ferraz. 

Monumento “Al pueblo del Dos de mayo de 1808”, obra de 1908 de Aniceto Marinas. Poco conocido por los madrileños, se encuentra en los jardines de la calle Ferraz, junto a la iglesia de Santa Teresa y San José.  El grupo escultórico en bronce representa a Luis Daoiz herido y apoyado en un cañón. Sobre éste, una mujer alada representa a la Gloria. Hay un niño que sostiene la mano de Manuela Malasaña muerta, junto al cadáver de su padre Juan Malasaña.

Como no dio tiempo a fundir la estatua en bronce, el 4 de mayo de 1808 fue inaugurada en la glorieta de Ruíz Jiménez una réplica realizada en escayola pintada de color bronce. Para sorpresa de los madrileños, la escultura empezó a deshacerse con las primeras lluvias. En noviembre de ese año se colocó el grupo definitivo.

 

Lápida y cerámica que reproduce el cuadro "Los fusilamientos" de Goya, realizada por la Escuela de Cerámica de la Moncloa, en el jardín del Cementerio de la Florida.

"El 3 de mayo de 1808 en Madrid” o “Los fusilamientos”, óleo pintado por Francisco de Goya en 1814. Fuente: https://www.museodelprado.es/.

Cementerio de la Florida (C/ Francisco y Jacinto Alcántara 4). Está situado en el parque del Oeste, junto a la Escuela de Cerámica de la Moncloa. En una cripta bajo la capilla descansan en una fosa común los 43 madrileños que fueron fusilados en la madrugada del 3 de mayo de 1808 junto a la montaña del Príncipe Pío. Por orden del mariscal Murat, los cuerpos quedaron amontonados al aire libre y sin enterrar. No serían trasladados a este lugar hasta el día 12 de mayo.

Lápida en la cripta del Cementerio de la Florida, que acoge los restos de los 43 madrileños fusilados el 3 de mayo de 1808..

Enterramientos de la Moncloa el  día 3 de mayo. Öleo de 1871 de Vicente Palmaroli, conservado en la Casa de la  Villa. Fuente:  http://www.memoriademadrid.es/

Aquel trágico hecho fue inmortalizado por Francisco de Goya en el famoso cuadro que conserva el Museo del Prado.  Este camposanto está mantenido desde 1917 por la Sociedad Filantrópica de Milicianos Nacionales Veteranos, que suele abrirlo al público cada dos de mayo.

Obelisco y llama permanente en el monumento de la plaza de la Lealtad.
 

Plaza de la Lealtad. Durante la noche del 2 de mayo de 1808, aquí fueron fusilados por orden del mariscal Murat muchos madrileños que habían participado en los sucesos de aquel día. Desde entonces este lugar fue conocido como el Campo de la Lealtad, de donde tomaría el nombre la plaza. 

Las Cortes de 1814 decretaron la construcción de un monumento a los mártires de la guerra de la Independencia, que no se inauguró hasta el 2 de mayo de 1840. Obra de Isidro González Velázquez, consta de un gran obelisco rodeado de esculturas representando la Constancia, el Patriotismo, el Valor y la Virtud. En el frente un sarcófago contiene las cenizas de los capitanes Daoiz y Velarde y el teniente Ruíz, junto con las de otras víctimas.

Detalle de las figuras alegóricas y lápida lateral del monumento.

Desde el año 1985, el obelisco está dedicado a todos los caídos por España durante toda la historia. Tiene un pebetero con fuego permanente y el frontal  lleva la inscripción en letras de bronce: “Honor a todos los que dieron su vida por España”.

 

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