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jueves, 31 de octubre de 2024

Ramón de Mesonero Romanos, un "Madrileño a tope".

RAMÓN DE MESONERO ROMANOS, UN "MADRILEÑO A TOPE".

Retrato de Mesonero de joven sentado en su despacho. Autor:  José de la Revilla (Entre 1820-1860). Fuente: https://museomadrid.com/museo-de-historia/

Ramón de Mesonero Romanos (1803-1882) fue una personalidad que trabajó en su época muy apasionadamente en favor de la ciudad de Madrid. Desgraciadamente, se conoce de él poco más que la calle que lleva sus apellidos.

Placa de cerámica de la calle Mesonero Romanos, que se extiende entre la calle del Carmen y la calle Desengaño.

Este gran madrileñista nació en 1803 en una casa de la antigua calle del Olivo, próxima a la actual calle de la Salud, que se extiende entre las calles del Carmen y la Gran Vía.


Placa instalada en el número 10 de la calle de la Salud, en el lugar dónde estuvo la casa donde nació y vivió Don Ramón.

De familia burguesa, desde joven se dedicó a administrar los negocios familiares. Durante una etapa estuvo alistado en la Milicia Nacional, organismo creado por la Constitución de Cádiz de 1812. Era un cuerpo de ciudadanos armados cuya misión era garantizar el orden público y defender el orden constitucional.

Grabado que muestra el ambiente en el Café del Príncipe en 1836. Fuente : https://www.madrid.es/bibliotecahistorica. 

Más tarde se integró en los círculos literarios madrileños, siendo un asiduo de la tertulia romántica del Parnasillo, que se organizaba dentro del Café del Príncipe junto al actual Teatro Español. Allí coincidía con los escritores Escosura, Espronceda, Hartzenbusch, Larra, Ventura de la Vega o Zorrilla, además de otros conocidos poetas, dramaturgos, artistas, políticos y gentes del teatro.

Escultura de Joaquín Vizcaino, alcalde de Madrid. Creada en 1892 por Medardo Sanmartí, está situada en la plaza de las Descalzas.

Gran observador, Mesonero viajó por varias ciudades europeas y trajo a Madrid importantes ideas y propuestas para mejorar la ciudad. Fue muy amigo del alcalde de Madrid don Joaquín Vizcaino, más conocido como el marqués viudo de Pontejos. Con él formó un gran equipo y alentó las reformas de la Villa y Corte desde 1845, cuando presentó su “Proyecto de mejoras generales”. Trabajó como concejal del Ayuntamiento entre 1845 y 1850.


Lápidas en honor a Cervantes instaladas en la casa del número 2 de la calle Cervantes, construida sobre la primitiva donde vivió el escritor entre 1615 y 1616. 

Mesonero intentó detener en 1833 sin éxito las obras de demolición de la última vivienda donde residió Miguel de Cervantes en la calle Francos, cuya entrada estaba en la calle del León. El dueño de la finca desconocía por completo que allí hubiera vivido entre 1615 y 1616 el gran escritor. Don Ramón peleó por salvar el edificio, escribió un artículo de denuncia que llamó la atención del rey Fernando VII. Éste propuso que el Estado adquiriera el inmueble, para que se instalara allí un “Establecimiento Literario”. 

De poco sirvió todo aquello, ya que debido a la incultura del propietario del edificio y a la desidia oficial, acabó demolido. En 1834 el alcalde marqués viudo de Pontejos cambió la denominación de la calle, que lleva desde entonces el nombre de Cervantes en su honor. En la fachada del nuevo inmueble se instaló una lápida en recuerdo al gran escritor.


Lápida en honor a Calderón de la Barca en la casa del número 61 de la calle Mayor dónde vivió sus últimos años.

Una anécdota divertida protagonizada por don Ramón se produjo en 1859, en el número 61 de la calle Mayor. En esa finca de planta baja y principal había vivido el gran escritor Pedro Calderón de la Barca desde 1663 hasta su muerte en 1681. Cuando el propietario decidió demolerla, Mesonero acudió rápidamente a hablar con los albañiles para parar las obras. Como los albañiles siguieron a lo suyo, el escritor se rebeló propinándoles unos bastonazos. 

Después de echarles de allí, se quedó a vigilar la casa toda la noche. Tras este incidente, el Ayuntamiento llegó a un acuerdo con el dueño para conservar la casa y le autorizó a levantar tres pisos más. Una lápida de mármol recuerda desde entonces en la fachada a Calderón.

Despacho de Mesonero Romanos de su última vivienda de la plaza Pedro Zerolo. Propiedad municipal, estuvo expuesto hasta el año 2000 en el Museo de Historia de Madrid.  Fuente :    https://www.facebook.com/museohistoriamadrid/

Destacado escritor y fértil periodista, se le conocía en la prensa con el seudónimo de “El Curioso Parlante”. En 1836 fundó y dirigió el “Semanario Pintoresco Español”, una novedosa publicación que introdujo el grabado como imagen para acompañar a los textos y apostó por la difusión de la cultura a toda la sociedad. En 1864 fue nombrado Cronista Mayor y Oficial de la Villa, iniciando la historia de este insigne cuerpo de escritores. 

Portadas de algunos de los libros escritos por Ramón Mesonero Romanos.

Está considerado junto a Mariano José de Larra el artífice del costumbrismo español, en el que destacaron sus escenas de la vida madrileña. De su obra literaria centrada en la ciudad destacan sus libros “Escenas Matritenses”, “Manual de Madrid”, “El antiguo Madrid”, “Paseo histórico-anecdótico por las calles y casas de esta Villa“ y “Memorias de un setentón”.

Retrato de Mesonero sentado en un sillón, obra de Víctor Manzano (Anterior a 1865). Fuente: https://museomadrid.com/museo-de-historia/

Hombre cultísimo y avanzado en su época, fue promotor y fundador del Liceo, del Ateneo Literario, Científico y Artístico y de la Caja de Ahorros. También fue miembro de la Real Academia Española de la Lengua. En 1878 Mesonero vendió al Consistorio su biblioteca personal, creándose así el fondo base de la Biblioteca Municipal, de la que sería nombrado “Bibliotecario perpetuo”.


Lápidas situadas en el número 7 de la plaza de Pedro Zerolo, en la finca construida en 1972 sobre el solar donde estuvo la última vivienda del autor.

Fallecido en 1882, está enterrado en el Cementerio Sacramental de San Isidro.  En 1914 el Ayuntamiento levantó en su memoria un monumento en el paseo de Recoletos, obra del escultor Miguel Blay. Un busto de mármol del escritor está acompañado de una maja con el escudo de Madrid y un joven desnudo que le ofrece flores, realizados en bronce. El conjunto se trasladó en 1967 a los jardines de la calle Barceló, donde permanece hoy día.

        

Frontal y parte trasera del monumento a Ramón Mesonero Romanos en los jardines de la calle Barceló.

 

Copyright © José Luis Rodríguez-Checa  2024.

Fotografías : © Elena Alajarín.

Prohibida la reproducción total o parcial del artículo y las fotografías, salvo autorización escrita del autor. 

lunes, 30 de octubre de 2023

Las casas más estrechas de Madrid.

LAS CASAS MÁS ESTRECHAS DE MADRID.


A la izquierda, edificio estrecho de la calle Mayor 57 con persianas metálicas rosadas. A la derecha, edificio del número 61 de color ocre y sillares en las esquinas. 

El casco histórico de Madrid conserva numerosos ejemplos de “casas estrechas”, edificios con una reducida fachada y varios pisos de altura. Por lo general suelen tener una vivienda por planta y un único balcón o ventana en la fachada de cada piso. 

En el centro de la fotografía, edificios de la calle Toledo 6 y 8.

Desde que el rey Felipe II estableció en 1561 la Corte y la capital del Reino en este poblachón manchego, la ciudad fue creciendo de forma un tanto anárquica. Aquí fueron llegando oleadas de funcionarios públicos y personas de todos los rincones de España. Venían a ganarse la vida al centro del poder económico y político del país y necesitaban un alojamiento digno.

Edificio estrecho en el número 1 de la calle Toledo, junto a la Plaza Mayor. 

El cogollo urbano tenía un entramado de calles estrechas y casi laberínticas, heredero de su fundación musulmana en el siglo IX. La muralla cristiana levantada entre los siglos XI y XII fue un impedimento para que la ciudad creciera de forma planificada. En el siglo XVI se derribaron estas murallas que constreñían la Villa ante el aumento de la población. 

No será hasta el siglo XVIII, en plena Ilustración, cuando se planifica la ciudad con cierto criterio. Se trazan grandes avenidas, espacios ajardinados, edificios para el conocimiento y la administración pública, y se regulan además servicios imprescindibles como el alcantarillado, el suministro de agua o la iluminación nocturna.

Viviendas en la calle Latoneros 5, junto a la plaza de Puerta Cerrada.

De aquellos lejanos tiempos quedaron en el centro de Madrid exiguos solares, en los que se aprovechó el metro cuadrado al máximo. Por tal motivo muchas casas se vieron obligadas a crecer en altura, quedando con un acceso comunitario en la planta baja. Esta entrada funcionaba en muchos casos como local comercial y desde allí se accedía a una escalera para subir hasta los pisos.    

Placa en la portada del número 57 de la calle Mayor.

En el número 57 de la calle Mayor de Madrid se encuentra una casa que luce una placa, escrita en español e inglés, que suele atraer a los numerosos turistas que pasan por allí. Nos cuenta que es el “Edificio más pequeño de Madrid”. La finca, situada junto a la Antigua Farmacia de la Reina Madre, consta de un bajo comercial y cuatro plantas con balcón. La fachada mide exactamente 3 metros y 58 centímetros.

Edificio estrecho del número 57 de la calle Mayor.

Existen algunos ejemplos parecidos de viviendas estrechas en otras calles de la ciudad. Me he puesto manos a la obra y he ido con la cinta métrica midiendo casa por casa. He confeccionado un listado en el que podemos encontrar otras casas con la fachada aún más reducida que ésta de la calle Mayor.

Edificio de la calle San Vicente Ferrer 24 entre los dos árboles, el más estrecho de Madrid.

El récord absoluto lo tiene un edificio con bajo y tres plantas en el número 24 de la calle San Vicente Ferrer (barrio de Maravillas o Malasaña). Mide nada menos que 2 metros y 40 centímetros y cada planta tiene una superficie de 54 metros cuadrados

Hoy día luce un aspecto algo abandonado. Se sabe que hace décadas fue una tahona y desde aquí se accedía al almacén de la harina. Curiosamente su entrada principal está en el número 23 de la calle de la Palma y, entre los dos bloques, comparten un jardín interior común.

Edificio de la calle Abades 22.

En el corazón del barrio de Embajadores, en el número 22 de la calle Abades se levanta un edificio cuya fachada mide tan solo 2 metros y 82 centímetros.


Edificio de la calle Postas 6 y detalle de la primera planta, con la lápida en recuerdo de Pérez Galdós.

En la bulliciosa calle Postas, que une la calle Mayor con la Plaza Mayor, nos encontramos en el número 6 el tradicional comercio de artículos religiosos “Sobrinos de Pérez”, fundado en 1867. Una lápida en la fachada recuerda que Benito Pérez Galdós lo citó en su magistral obra “Fortunata y Jacinta”. Su fachada mide 3 metros y 15 centímetros.

Edificio sobre la tienda de Caramelos Paco, en la calle Toledo 55.

El edificio de la calle Toledo número 55 comparte en su portal un acceso de servicio a la mítica tienda de Caramelos Paco, fundada en 1934. Su estrecha fachada mide tan solo 3 metros y 54 centímetros.

Edificio estrecho en la calle Imperial 14.

En la calle Imperial número 14 nos encontramos con un comercio llamado curiosamente “La Casa Vertical”, en alusión a esta singular finca.  La fachada se encuentra retranqueada entre las fincas de los números 12 y 16. Mide 3 metros y 64 centímetros.

Edificios de los números 19 y 21 de la calle Marqués de Santa Ana.

La calle Marqués de Santa Ana nace en la calle del Pez y llega hasta la calle del Espíritu Santo, en el barrio de Universidad. En el número 19 hay un edificio cuya fachada mide 4 metros y 20 centímetros. Junto a éste, el inmueble del número 21 tiene unas dimensiones similares.

Casa del escritor Pedro Calderón de la Barca  en la calle Mayor 61.

El edificio de la calle Mayor número 61 tiene una rica historia. Aquí vivió el escritor Pedro Calderón de la Barca, entre 1663 y 1681. El insigne escritor fue Capellán del Rey y sacerdote de la cercana iglesia de San Salvador. Tras su fallecimiento el 25 de mayo de 1681, fue enterrado en este templo ya desaparecido, que se levantaba junto a la actual plaza de la Villa. 

Lápida en memoria de Calderón en la primera planta de la calle Mayor 61. 

Este edificio estrecho fue salvado “in extremis” de la piqueta en 1859, gracias al tesón del gran escritor, periodista y madrileñista Ramón de Mesonero Romanos. Este autor rogó a los albañiles que no lo demolieran, pero como se negaron se enfrentó con ellos a bastonazos. Afortunadamente el propietario llegó a un acuerdo con el Ayuntamiento, que le permitió añadir dos pisos más en el inmueble y colocó una lápida conmemorativa. Esta fachada mide 4 metros y 36 centímetros.

Edificios estrechos en los números 6 y 8 de la calle Latoneros.

Si paseamos por el centro de Madrid y nos fijamos detenidamente en su caserío tradicional, podremos encontrar edificios estrechos en numerosas calles. Tenemos varios ejemplos en el número 3 de la calle Felipe III , en la calle Latoneros número 5, 6 y 8, o bien en los números 1, 6, 8 y 119  de la calle Toledo, entre otros.

Edificio de la calle Felipe III número 3, con balcones y pequeñas ventanas.

Finca de cuatro alturas en la calle Toledo número 119.

Antiguamente hubo una casa en Madrid que estaba considerada como la más pequeña de la Villa. Se la conocía popularmente la “Casa de las Cinco Tejas”, por tener la misma anchura que ocupaban cinco piezas de teja cubriendo su tejado de lado a lado. Estuvo en pie hasta 1851 en la calle de Santa Ana, en pleno Rastro.

Imagen de la “Casa del Ataúd” en la calle Alcalá esquina a la calle Caballero de Gracia. Fuente :  http://www.memoriademadrid.es/


Recordamos también que entre la calle Alcalá y la calle del Caballero de Gracia se levantaba un estrecho y alargado inmueble. Era conocido popularmente con el siniestro nombre de la “Casa del Ataud”, debido a la forma de su solar. El chaflán tenía una anchura de tan solo 4,92 metros. Esta casa fue demolida en 1907 para construir en su solar el bellísimo Metrópolis, considerado por muchos como el edificio más icónico de Madrid.


Fotografías : Elena Alajarín.

Copyright © José Luis Rodríguez-Checa  2023.

Prohibida la reproducción total o parcial del artículo y las fotografías, salvo autorización escrita del autor.


miércoles, 28 de septiembre de 2022

Casa Ciriaco, un paseo por la gastronomía y la Historia de España.

CASA CIRIACO, UN PASEO POR LA GASTRONOMÍA Y LA HISTORIA DE ESPAÑA. 

 

Entradas a Casa Ciriaco por la calle Mayor y la calle San Nicolás.

Rodeado de edificios tan ilustres  como el palacio de Abrantes, el palacio de Uceda (Capitanía) y la Catedral Castrense, en el número 84 de la calle Mayor nos encontramos con el restaurante Casa Ciriaco.

El lema de Casa Ciriaco, expuesto en uno de sus salones.

“Comer es una necesidad. Saber comer es un arte” es el emblema de esta Casa, enmarcado junto con las numerosas fotografías dedicadas, recortes de prensa, recuerdos y cuadros con solera que abarrotan sus históricas paredes. 

Animada tertulia en los años 50 , con Ciriaco Muñoz con chaqueta blanca en primer término.

Su origen se remonta a 1887, cuando se abre este local como almacén y tienda de vinos. En 1923 los hermanos Pablo y Ciriaco Muñoz Sanz, que llevaban seis años trabajando allí, deciden quedarse con el negocio. Poco tiempo después, en 1929, inauguran el restaurante con el nombre de “Casa Ciriaco”. Tras casi cuatro décadas de oficio, en 1967 traspasaron la gestión a los hermanos Chicharro, camareros de la Casa que continuaron el negocio. 

Lienzo costumbrista de José fuente, con un carruaje a las puertas de Casa Ciriaco.

A mediados de 2018, el restaurante pasó a manos de nuevos propietarios. Tras unos meses de cierre, el local fue actualizado y puesto al día sin perder su esencia. En septiembre de ese año abrió de nuevo sus puertas a la ciudad de Madrid bajo la dirección de Carlos Figueroa.

Detalle del escudo de Casa Ciriaco, grabado en una silla.

Este renombrado restaurante encierra buena parte de la historia de España. En sus mesas se han sentado una extensa relación de destacadas personalidades: reyes, príncipes, políticos, artistas, escritores, intelectuales y un sinfín de personajes de la vida pública española. En sus manteles han saboreado sus afamados y castizos guisos, y sus salones han sido testigos de prestigiosas tertulias.

Desde un balcón de la aercera planta de esta finca en la calle Mayor 84, Mateo Morral lanzó la bomba a los reyes

El 31 de mayo de 1906 el cortejo con los reyes Alfonso XIII y Victoria Eugenia recorría el trayecto entre la Iglesia de los Jerónimo y el Palacio Real, tras haber contraído matrimonio. Al pasar junto a Casa Ciriaco, el anarquista Mateo Morral les lanzó una bomba dentro de un ramo de flores desde el balcón de la pensión del tercer piso de la finca.

Atentado contra los reyes Alfonso XIII y Victoria Eugenia en 1906 a las puertas de Casa Ciriaco. Fotografia de Eugenio Mesonero Romanos. Fuente: Archivo diario ABC

Al rebotar la bomba en los cables del tranvía no llegó a caer sobre el carruaje real, pero la deflagración costó la vida a veinticuatro personas e hirió a más de cien ciudadanos, salvándose los recién casados. El momento de la explosión fue recogido por el diario ABC en una fotografía obtenida fortuitamente por Eugenio Mesonero Romanos, nieto del escritor Ramón Mesonero Romanos, que dio la vuelta al mundo.

Placa en la fachada del restaurante que recuerda a Valle Inclán y su obra "Luces de Bohemia".

En la fachada de Casa Ciriaco, una placa de mármol recuerda que Ramón del Valle Inclán situó en este lugar la añosa librería “la Cueva de Zaratustra”, donde el protagonista Max Estella comienza el esperpéntico peregrinaje por la noche madrileña, en una de las escenas del libro “Luces de Bohemia” (1924).

Aquí estuvo cenando por última vez el gran pintor Ignacio Zuloaga. Pocos días después, el 31 de octubre de 1945, falleció en su casa-estudio de la cercana plaza de las Vistillas.


Rincón de la zona del bar, con una antigua nevera todavía en uso y unos odres de vino.

La más famosa tertulia que tenía lugar mensualmente en los salones de Casa Ciriaco fue fundada por Julio Camba (1884-1962), escritor y periodista de ideas anarquistas que fue moderándose con el tiempo. Años más tarde fue continuada con el nombre de “Amigos de Julio Camba” y presidida por Antonio Mingote, hasta su muerte en 2012. Se reunía la tercera semana de cada mes y llegó a tener hasta setenta tertulianos .

Escudo de Casa Ciriaco, diseñado por Antonio Mingote.

El recortadísimo dibujante, escritor y académico Antonio Mingote (1919-2012) era un cliente habitual y gran amigo de esta Casa. Para ella diseñó el original escudo que preside el salón principal, con un divertido personaje con armadura bebiendo de un porrón de vino, racimos de uvas y un pollo asado atravesado por una espada.

Barra de Casa Ciriaco. .

Nada más traspasar su puerta nos encontramos con una clásica barra de madera, antiguas estanterías repletas de vinos y licores y friso de azulejos. Sobre una antigua nevera blanca, todavía en uso, vemos unos viejos odres de vino. En este espacio algunas mesas clásicas de mármol acogen a los parroquianos que acuden a tomar una bebida, acompañada de sus afamadas “cazuelitas”.

Rincón del primer comedor.

A continuación pasamos al primer salón comedor, dónde se puede disfrutar de la cocina que tan espléndidamente dirige Cristina Alonso. Recortes de prensa, fotografías y cuadros se distribuyen por las cuatro paredes, como testimonio de su rico pasado. En un rincón, una gran fotografía recuerda el atentado al rey Alfonso XIII en 1906 a las puertas del local.

Pasillo de acceso al Comedor Julio Camba.

Desde este salón, un pasillo nos conduce al diáfano comedor principal, llamado “Julio Camba” en homenaje a este escritor y periodista, cuya vida estuvo muy unida a Casa Ciriaco.

Rincón dedicado a los toreros y al mundo taurino.

 Entrando a mano derecha nos encontramos con el rincón dedicado a los toreros y al mundo taurino, con recuerdos de figuras como Juan Belmonte, Domingo Ortega o del crítico taurino Vicente Zabala.


Rincón con dibujos originales de Antonio Mingote.

 Junto a la ventana que mira a la calle Factor, unos dibujos con personajes populares madrileños creados por el genial dibujante y escritor Antonio Mingote, sirven de homenaje a este gran artista.


Pared dedicada a los artistas y detalle de las fotografías dedicadas. 

 En la parte central, una pared está dedicada a los artistas, actores, periodistas e intelectuales, como Pablo Picasso, Andrés Segovia, Ortega y Gasset, Matías Prats, José Luis López Vázquez, Miguel Gila, Aurora Bautista y un largo etcétera.


Salón Real y detalle de las fotografías dedicadas por la Familia Real.  

 El extremo de este espacio que mira a la calle Mayor es el llamado “Salón Real”, dedicado a la Familia Real. Contiene numerosas fotografías y dedicatorias de los actuales reyes Don Felipe VI, Doña Letizia y sus hijas, de los anteriores monarcas y de los Condes de Barcelona, clientes habituales de la Casa.  También podemos ver escudos y recuerdos militares, junto a una escultura del Apóstol Santiago.   

Primer salón de la bodega, con la biblioteca y vinoteca al fono.  

Desde aquí parte una escalera que conduce al  sótano del edificio, dónde encontramos las bodegas. Este espacio, construido en el siglo XVIII, está cubierto con las bóvedas de ladrillo típicas del Madrid de los Austrias. Aloja dos grandes comedores privados y una surtida bodega. 

Rincón de la bodega con parte de la gran colección de botellas. 

Además de los caldos que Casa Ciriaco sirve al público, podemos admirar un pequeño museo con una sorprendente colección de botellas de vinos y licores.  Hay ejemplares con más de 100 años de antigüedad, destacando entre ellas las etiquetadas con las fotografías de renombrados personajes de la vida política nacional.

Comedor principal de la bodega.

Como curiosidad, Casa Ciriaco ofrece al público la “Tortilla a lo Ayuso”, en homenaje a la Presidenta de la Comunidad de Madrid y clienta de la Casa por su apoyo a la hostelería durante la pandemia. El restaurante ha obtenido reconocidos premios por platos tan madrileñísimos como la gallina en pepitoria o los callos con garbanzos. En su carta destacan además el rabo estofado, las albóndigas de ternera y, cómo no, el cocido madrileño,

 Servicio esmerado y amable, excelentes viandas, lealtad y discreción con los amigos y clientes son las señas de identidad de este restaurante, al que deseamos muchos años de vida.

Casa Ciriaco, un clásico renovado en la calle Mayor

Muchas gracias a Carlos Figueroa, gerente de Casa Ciriaco por su amabilidad y por todas las facilidades dadas para la realización de las fotografías.

Fotografías:  Elena Alajarín.

 

Copyright © José Luis Rodríguez-Checa 2022.

Prohibida la reproducción total o parcial del artículo y las fotografías, salvo autorización escrita del autor.

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